lunes, 12 de diciembre de 2016

Dimetilmercurio. Sustancia mortal.


Pocas sustancias han dado tantos problemas como el dimetilmercurio. Su acción corrosiva y neurotóxica hacen de él uno de los compuestos más peligrosos del mundo. Te lo mostramos.

Figura 0: Víctima sales mercurio. Minamata, Japón


El dimetilmercurio ((CH3)2Hg) es un compuesto de los denominados "organometálicos". Los compuestos organometálicos consisten en una o varias moléculas orgánicas llamados ligandos que quelatan a un átomo metálico.


El dimetilmercurio se presenta en estado líquido a temperatura ambiente. Es inflamable, incoloro, y además una de las neurotoxinas más potentes conocidas. Se le describe con un leve olor dulce, aunque inhalar una cantidad de vapores apreciable sería exponerse en exceso a los efectos de este compuesto. Con una absorción del orden de 0,1 mL ya se tienen consecuencias fatales. Posee una presión de vapor especialmente alta (muy volátil), lo que significa que un pequeño derrame puede poner en peligro a cualquier persona que se encuentre expuesto a sus vapores. Atraviesa con mucha facilidad la barrera hematoencefálica, probablemente gracias a la formación de complejos con la cisteína, y el proceso de eliminación por parte del organismo es muy lento, por lo que tiende a bioacumularse.
Figura 1: Molécula dimetilmercurio
Los síntomas de envenenamiento de mercurio suelen aparecer cuando es demasiado tarde para aplicar un tratamiento efectivo.


Figura 2: Código NFPA 704 DMM
Este compuesto atraviesa látex, PVC, butilo y neopreno muy rápidamente (en cuestión de segundos), siendo absorbido a continuación por la piel, por lo que la mayoría de guantes usados en laboratorio no proporcionan una protección adecuada ante este compuesto. La única opción viable y segura para manipularlo es el uso de guantes laminados de alta resistencia bajo una cobertura de neopreno de manga alta u otros guantes para uso industrial. Es recomendable usar una máscara de protección facial de al menos 20 cm de largo y una cabina extractora de humos.


Figura 3: Karen Wetterhahn
En 1996, Karen Wetterhahn, profesora de química del Dartmouth College, Nuevo Hampshire EEUU, fue una de las "víctimas" más populares del dimetilmercurio. Estaba investigando sobre las interacciones entre iones de mercurio y las proteínas reparadoras del ADN, utilizando para ello dimetilmercurio como referencia estándar para medidas de Espectroscopía de Resonancia Magnética Nuclear 199Hg. Sabía perfectamente lo peligroso que es este compuesto, siendo una experta en este campo, no se  pasó por alto  las medidas de seguridad. Trabajó dentro de la campana extractora, con cantidades muy pequeñas, guantes y protección para la cara e incluso enfrió con hielo la pipeta que contenía la muestra para reducir su presión de vapor, pero aun asi un accidente ocurrió.


Según los cuadernos del laboratorio, tuvo lugar el 14 de agosto de 1996: algunas gotas de dimetilmercurio atravesaron el guante protector.

Figura 4: Karen Wetterhahn en el laboratorio

Los primeros síntomas aparecieron a principios del mes de enero de 1997: disminución del campo de visión, falta de equilibrio, dificultades en la audición y en el habla. A pesar de la agresiva terapia quelante, con intención de eliminar el mercurio de su organismo, su estado se deterioró rápidamente. La intoxicación fue diagnosticada el 28 de enero, encontrando una cantidad considerable de mercurio en sangre (4 mg/L): la concentración de dimetilmercurio en sangre es habitualmente de 0,001 a 0,008 miligramos por litro, hablando de toxicidad a partir de los 0,2 mg/L. Karen falleció el 8 de junio de ese mismo año, a los 48 años de edad, tras permanecer en coma durante varias semanas.