Una típica conversación entre amigos es el tema de las cicatrices. Todos tenemos alguna cicatriz debida a alguna operación, caída o accidente. Esas cicatrices están llenas de historias y dejan un recuerdo en la piel que nunca se ira.
Pero, y si una de esas cicatrices no fuera por caernos de la bicicleta o rompernos la barbilla contra el aparador de la abuela, ¿y si esa cicatriz se debiera a haber nacido con algo de más en nuestro cuerpo, como un dedo?
